viernes, 12 de mayo de 2017

Las historias que susurra el viento de Agüimes

 



 

Siempreviva canaria. Limoniun sventenii blanca. Gran Canaria. Islas Canarias.

Hoy he leído un artículo que ha removido mis recuerdos.
Los Campos de Concentración en Canarias después de la guerra civil española :
http://www.canariasenred.com/los-campos-de-concentracion-de-canarias-de-los-que-practicamente-nadie-habla/
Mi abuelo murió cuando yo tenía 4 años.
Mi abuelo llegaba de Agüimes a Las Palmas,con la lechera y los cuentos que compraba en la tabaquería de Bartolito en Bravo y Murillo al salir de la estación de  "los  coche de hora", que era como conocíamos lo que ahora es la Global,los coches de línea. Para mí era mágico.
Con su sombrero, que siempre me gustó. Y con su humor y su alegría de vivir.
Nunca lo vi triste. Nunca supe ni por él ni por mi abuela María de odios ni rencores.
Mi infancia, en los veranos, y como la de Antonio Machado salvando las distancias, claro, son recuerdos de un patio de Agüimes donde maduraban los nispereros, los duraznos y los aguacates.
Donde por las mañanas, tempranito, llegaba el panadero y el desayuno, con pan, queso, gofio y aceitunas era manjar de dioses.
Donde jugaba con mis amig@s de la calle y del pueblo, que era pequeño para nuestras correrías.
Llegábamos a Ingenio, Carrizal, Balos y donde nos daban las piernas. Que era mucho.
Donde, en la huerta, las calas me ofrecían ese perfume etéreo con rocío fresco que se mezclaba con el olor de la hierbaluisa.
Donde las higueras esparcían su olor y su generosidad de frutos en cualquier rincón de los cercados.
Cuando ya pude entender, me contaron la historia.
Llegaron a buscarlo de madrugada.
Mi madre y sus hermanos eran muy pequeños.
Mi tío Juan, el pequeñito, tenía poliomielitis. Mi madre, tifus.
Ni siquiera, en principio, sabían donde estaba.
Luego, se enteraron que lo habían trasladado a Gando.
Y allí estuvo.
Murió su madre, Catalina Melián Alvarado, y no pudo asistir a su entierro. Se negó, porque tendría que ir esposado y su madre no lo hubiera permitido nunca.
A varios de sus amigos los tiraron por la sima de Jinámar.
Uno de ellos, luchador de lucha canaria, le dijo : " Juan, si me tiran, me llevaré por delante al que lo haga". Y lo cumplió. Se abrazó al que lo tiraba y fueron juntos al abismo.
A mi madre y sus hermanos y hermana le gritaban "comunistas" por las calles cuando iban a la escuela. Nunca dejaron de ir.
Hasta el perrito que tenían murió apuñalado, sin saber nunca quien pudo ser...
Y se les cobraban los mismos impuestos una y otra vez.
Llegaban los cobradores siempre de noche...
A pesar de todo y de tod@s, mi familia adora Agüimes.
No nos vamos, no nos iremos.
Ahí estamos todavía.